LAS JÓVENES DE LOS 80 FUIMOS LAS MUJERES DE “LA DÉCADA DEL CAMBIO”

Las que nacimos a mediados de los 60 y comenzamos a trabajar en los 80 bailábamos en la discoteca “NO CONTROLES” que cantaba Vicky Larraz de Ole Ole, canción que ha traspasado generaciones. La música, la moda, la política, etc. todo cambiaba de forma muy rápida; éramos la “SOCIEDAD DEL CAMBIO”.

Sin embargo al mundo laboral de las mujeres

“EL CAMBIO NO LLEGÓ”.

Intentando no extenderme mucho os relato mi experiencia profesional hasta el día de hoy y mis reflexiones sobre los cambios que en mi opinión ha experimentado la sociedad hasta el momento actual.

Empecé a trabajar con 18 años de secretaria. No tuve la oportunidad de elegir, la universidad no era una opción para muchos en ese momento, tanto hombres como mujeres.

Nunca olvidaré la entrevista con el director de la primera empresa que trabajé, volví a casa llorando pero las circunstancias me obligaron a ser fuerte y seguir adelante.

El señor en cuestión era el prototipo de directivo de esa época que entraba al despacho donde estábamos todas las secretarias, dando literalmente una patada a la puerta y diciendo “¡CÁLLENSE, ESTO PARECE UN GALLINERO!“.

No tengo mucho más que contar como fueron mis inicios laborales, porque podréis imaginar que no fue la única vez que lloré.

Era una empresa donde “todos los hombres eran jefes y las mujeres secretarias”. Mujeres jóvenes con ganas de prosperar y “ascender” como se decía entonces, pero que vimos truncados nuestros sueños porque las mejores categorías profesionales y salarios eran exclusivamente para ellos.

Pasaron los años y veía como mis posibilidades de prosperar se esfumaban y mis ilusiones caían al vacío. Además de trabajar duro, amplié mi formación durante tres años obteniendo una titulación y especialidad del sector al que pertenecía la empresa, que para lo único que me sirvió fue un pequeño ascenso de categoría y salario establecido por convenio.

Me consta que la gran mayoría de los hombres de la empresa no nos consideraban capacitadas para dirigir un departamento. Únicamente una de nosotras consiguió un pequeño cargo de responsabilidad; era la que tenía más antigüedad y tuvo que pelear mucho para tener voz en la mesa de las reuniones de directivos.

Llegué a resignarme y a pensar que a pesar de mi frustración continuaría en la empresa hasta la jubilación, era lo habitual. Cambiar a la mayoría (hombres y mujeres) nos daba vértigo y aguantábamos lo que nos echasen.

Me casé y años después fui madre. Asumí mi papel de madre trabajadora y aunque mi pareja no era el prototipo de hombre de la época, la sociedad y el mundo empresarial del momento marcaban el camino.

Nació mi primer hijo y él tuvo dos días de permiso; implanteable era tener más días libres por la paternidad, la madre o salía adelante sola o le ayudaban las abuelas, no existían más posibilidades.

Nació mi segundo hijo, la cosa se complicaba y tuve que acogerme a una jornada reducida por maternidad. Tengo que decir que una compañera se anticipó y abrió el camino, porque aquello fue un “auténtico bombazo”. Si ya trabajaba en un ambiente hostil, el acogerme a la reducción de jornada pasó a ser lo que ahora se llama “bullyng laboral”, entonces esa palabra ni existía.

Mi jefe directo vivía por y para la empresa, hasta el punto que le costó su vida familiar y salud, podréis imaginar que carecía de empatía. Por lo tanto, las horas de pediatra, reuniones del cole, etc, tenía que recuperarlas hasta el último segundo.

Pasaron dieciocho años y no se como pude armarme de valor para decidir marcharme de esa empresa. Tuve la suerte que mi pareja me apoyó desde el momento que se lo planteé.

A pesar de su apoyo, sentí mucho miedo porque estaba absolutamente anclada a ese mundo profesional que creía era el único que existía.

Una de mis mejores amigas con una historia profesional parecida comenzaba a estudiar naturopatía y pensé que era una oportunidad para cambiar de profesión. Me encantaba la medicina natural desde los 15 años, cuando abrió un herbolario cerca de casa de mis padres, era clienta habitual.

Después de cinco años de formación en naturopatía nuevamente volví al mundo laboral; un herbolario, un centro de terapias, visita médica, una empresa de dietética, hasta el momento actual que soy naturópata autónoma.

A pesar de lo difícil que es ser autónomo en este país, ahora puedo decir me siento “SATISFECHA CON MI VIDA PROFESIONAL”. Muchos años tuvieron que pasar.

Estoy en contacto diario con muchas mujeres en mi consulta desde hace mucho tiempo que me cuentan como es su vida diaria personal y profesional. Muy difícil en la mayoría de los casos, pero voy observando cambios respecto a ese mundo laboral de color GRIS que os he relatado.

  • Muchas tienen formación superior o universitaria.
  • Muchas son emprendedoras.
  • Cada vez más tienen puestos de responsabilidad.
  • Cada vez más tienen independencia económica.

Sin embargo, sigo escuchando:

  • Yo tuve que renunciar a mis aspiraciones profesionales por ser madre.
  • Yo soy la que me he acogido a la jornada reducida.
  • Yo soy la que voy a las reuniones del colegio.
  • Yo soy la que organizo las tareas de la casa.
  • Yo soy la que me ocupo de mis padres.
  • Etc.

Si comparo los AÑOS GRISES que hemos vivido las mujeres en nuestro país con los actuales pienso que LA SOCIEDAD HA CAMBIADO. Las mujeres ahora somos más libres e independientes, pero QUEDA MUCHO POR HACER.

Tengo dos hijos varones que tienen muy claro que si quieren compartir su vida con una mujer, ella será:

INDEPENDIENTE Y EMPRENDEDORA

Así es la mujer joven actual. Así queríamos ser nosotras, así quisieron ser nuestras madres.

Tenemos que seguir avanzando para conseguir la IGUALDAD EN DERECHOS Y OPORTUNIDADES.

Mi testimonio es uno de los muchos que podemos contar “LAS JÓVENES DE LOS 80”. Creo que para saber a donde vamos es importante saber de dónde venimos.

QUÉ NUNCA MÁS NOS GRITEN:

¡”CÁLLENSEN;ESTO PARECE UN GALLINERO”!

2 comentarios sobre “LAS JÓVENES DE LOS 80 FUIMOS LAS MUJERES DE “LA DÉCADA DEL CAMBIO”

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