FLEXIVEGETARIANO: UNA OPCIÓN A MEDIO CAMINO

Hablamos de comer sano sin saber exactamente a que nos referimos, porque depende del experto en nutrición que nos hable.

Para un sector comer sano es no incluir en la dieta proteína animal,  (lácteos, carnes, pescados, huevos) para otros en el concepto de comer sano incluye todo tipo de proteína animal.

En lo que sí se empieza a coincidir que el consumo de proteína animal, en el momento actual es excesivo. En la mayoría de los casos comenzamos el día con lácteos, comemos carne o pescado, merendamos embutido y volvemos a cenar carne o pescado. Todo ello en detrimento de vegetales, frutas y cereales integrales.

Debemos tener en cuenta que las necesidades diarias de proteínas son de unos 0,8 gramos por kilo de  peso corporal. Las mujeres embarazadas y lactantes necesitan un aporte superior que el resto de la población. También los deportistas necesitan mayor cantidad de proteínas y los niños y los jóvenes  también tienen una necesidad alta de proteínas (1 a 1,2 g por kg).

Por ejemplo,  una mujer adulta con un peso de aproximadamente 60 Kilos necesitaría unos 48 grs. de proteína, podríamos decir entre el 10 al 15% de la ingesta  total de alimentos  en un día.  En la edad adulta,  la necesidad de proteína disminuye porque el organismo ya no está en fase de construcción y crecimiento de tejido como en el niño, joven, mujer embarazada o lactante.

Otro debate en el cual no encuentran acuerdo el mundo del vegetarianismo y el tradicional de la nutrición es  la calidad biológica de la proteína.

Esto es debido a que las proteínas animales contienen todos los aminoácidos esenciales (es necesaria su ingesta diaria, el organismo no puede sintetizarlos), que son 9 en los adultos y 10 en los niños y que no están presentes en todas las  proteínas vegetales.

Los que fabrica el cuerpo son los llamados no esenciales 10 para los niños y 11 para los adultos.

Existen  dos formas de medir el valor biológico de una proteína; 

  1. Una se hace teniendo en cuenta que cantidad de la proteína ingerida es retenida.
  2. Otra que  tiene en cuenta la digestibilidad de la proteína, es decir la proporción de proteína consumida  que es realmente utilizada.

Es cierto que la proteína animal es la más parecida a nuestro tejido y que está más garantizada su retención en el organismo.

Pero debemos también tener  en cuenta que al  tomar proteínas animales ingerimos también todos los desechos del metabolismo celular presentes en esos tejidos (amoniaco, ácido úrico, etc.), que el animal no pudo eliminar antes de ser sacrificado. Estos compuestos actúan como tóxicos en nuestro organismo que posteriormente tendrá que desechar y que si el estado de salud del individuo no es óptimo, podrá suponer un esfuerzo importante para lograr una homeostasis (equilibrio interno).

La opción de combinar la proteína vegetal con un cereal por ejemplo, legumbres con arroz, es muy recomendable. Nos asegura una proteína vegetal completa, sin los inconvenientes que puede tener la proteína animal.

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La Dra. Odile  gran investigadora  y divulgadora sobre la relación del cáncer y la alimentación, afirma que una dieta rica en vegetales, frutas, legumbres y pescado pequeño o salvaje es protectora frente a esta enfermedad. Esta protección puede venir dada tanto por el aporte nutricional de estos de alimentos, como por la reducción en el consumo de carne y alimentos procesados.

No obstante, vamos a intentar  no demonizar a un alimento que desde tiempos inmemoriales forma parte de la alimentación humana (ver entrada “son nuestros orígenes carnívoros o vegetarianos”).  El problema actual  podría estar provocado en gran medida por la pésima calidad y la gran  cantidad de carne y productos derivados que se consumen.

Hoy en día, para aumentar la productividad se alimenta a los animales con maíz, cereales o harinas animales a menudo enriquecidos con aditivos. Sabemos que se crían en unas condiciones de hacinamiento inconcebibles y que, en algunos casos, incluso son sacrificados de una forma tan horrible que el ex Beatle Paul McCArtney llegó a declarar:

“Si las paredes de los mataderos fueran de cristal, todo el mundo sería vegetariano”.

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Nos encontramos muy lejos de la imagen del feliz rebaño pastando hierba en verdes prados, que son las condiciones de vida naturales de las vacas, y eso podría claramente explicar los efectos nocivos del consumo de carne en nuestra salud.

Por otro lado y tan preocupados que parece estamos por el  medioambiente estamos obligados a reflexionar sobre lo siguiente:

¿Qué produce más emisiones de gases causantes del efecto invernadero, criar vacas o conducir automóviles?.

Según un  informe de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), el sector ganadero genera más gases de efecto invernadero –el 18 por ciento, medidos en su equivalente en dióxido de carbono (CO2)- que el sector del transporte. También es una de las principales causas de la degradación del suelo y de los recursos hídricos.

Como señal de prosperidad, cada año la humanidad consume más carne y productos lácteos. Está previsto que la producción mundial de carne se duplique desde los 229 millones de toneladas en 1999/2001 a 465 millones de toneladas en 2050, al tiempo que la producción lechera se incrementará en ese período de 580 a 1 043 millones de toneladas.

Y como no hablar del agua consumida, un bien que según dicen los expertos será el motivo de futuros conflictos armados entre países.

¡ Para producir 1 kg de bistec requerimos 15.500 lts de agua!.

 El cálculo se estima que la mayoría del agua se va en producir el grano y los pastos que servirán el consumo directo del animal a lo largo de sus, más o menos, tres años de vida media. La deforestación del Amazonas está en estrecha relación a la necesidad de terrenos cultivables para sostener la demanda mundial de soja para forraje.

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El ganado es uno de los principales responsables de los graves problemas medioambientales de hoy en día.

Una vez hechas todas estas reflexiones, estamos en condiciones de elegir nuestra opción ser vegetarianos ( con sus diferentes variedades), veganos (no consumen ningún producto animal), crudiveganos (consumen exclusivamente alimentos crudos de origen vegetal), macrobióticos (filosofía de vida siendo uno de sus objetivos  comer evitando tóxicos en general), o comer a placer y gusto, sin dar importancia a la nutrición.

Actualmente y dado que está de moda etiquetar todo,  está creciendo con fuerza un nuevo concepto el FLEXIVEGETARIANISMO y cuyo fin último es acercase lo más posible a una alimentación saludable y respetuosa con el medioambiente.

¿PORQUÉ ESTE NUEVO CONCEPTO? 

En mi caso se ajusta a las  necesidades personales y sociales. Además, mi experiencia profesional me dice que aunque es creciente el interés por una alimentación sana y el cuidado del medioambiente, gran parte de la población no está dispuesta a renunciar a comer proteína animal. Hay personas que disfrutan y consideran un manjar de reyes un solomillo  y no existirá argumento por poderoso que sea, les haga cambiar de opinión.

Ahora bien, si empezamos a tomar una seria conciencia sobre todo lo mencionado anteriormente y teniendo en cuenta que sobre  un consumo masivo de proteína animal existen certezas va en contra de la salud ,  podemos optar por la opción de consumir proteína animal, para un momento de disfrute personal y que nuestra alimentación diaria, esté basada en:

  • Vegetales, frutas, legumbres, cereales integrales, algas y fermentos, etc..
  • De forma excepcional proteína animal ( por ejemplo no más de 3 días por semana)
  • Carnes pavo o pollo preferiblemente (1 día como mucho).
  • Los huevos junto con la leche materna, son una de las proteínas de mayor valor biológico. Sin los consumimos de gallinas alimentadas con piensos naturales y en libertad, nos aseguraremos su calidad.
  • Existen alternativas vegetales a la proteína animal distintas de las legumbres, (por ejemplo, seitan, tofu,  quinoa, mijo,  cáñamo, etc.)  pero únicamente he querido mencionar lo que forma parte de nuestra dieta mediterránea para que sea accesible y fácilmente reconocido por un número mayor de personas.

Tenemos que tener en cuenta que  la proteína sea de origen animal o vegetal, siempre debe ir acompañada de una porción por lo menos del doble de vegetales y otra más pequeña de hidratos de carbono integrales y si es proteína animal los vegetales siempre crudos ( ya explicaré porqué en otra entrada de blog).

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La proteína es más aconsejable comerla en la cena y los hidratos en la comida, pero en el caso sea animal sobre todo la carne y aves nunca la recomiendo en la cena. La digestión es muy lenta y deja más resíduos, por la noche debemos  dejar que  nuestro aparato digestivo vaya  tranquilo a dormir.

Si elegimos proteína para cenar debe ser siempre vegetal. Las cenas son recomendables con ensaladas, verduras, sopas vegetales y acompañados de quinoa, mijo, cáñamo, algún fruto seco crudo o tostado etc. De esta forma garantizamos una correcta digestión en el momento de irnos a la cama.

Por último contaros mi elección personal.  No soy vegana porque me gustan los huevos, el pescado y el jamón y sobre todo porque soy UN SER SOCIAL y estoy rodeada de personas que disfrutan con un filete de ternera. Por lo tanto, si mi alimentación fuera vegana y me negase a consumir proteína animal,  a muchas de las reuniones o invitaciones de amigos y familia no podría acudir o sería un “bicho raro” , creando un conflicto que me resulta innecesario.  Cuanto nos quieren agasajar con comida, un rechazo a ese ofrecimiento puede ofender al anfitrión.

El simple hecho de estar preocupados y atentos con  la nutrición, conlleva ser etiquetado de  “fanáticos”,  para que queremos más. Ahora si mi salud lo hiciera imprescindible, entonces no tendría duda alguna, sería vegana.

Evidentemente, es una opinión que tanto para los veganos estrictos como para los que consumen proteína animal, seguramente encontrarán argumentos varios para rebatir, Mi única intención es acercar una opción diferente que me aporta satisfacción y tranquilidad, fruto de experiencia profesional y personal.

Por último, la opción dejar el consumo de proteína animal considero debe ser siempre bajo la supervisión y asesoramiento de un experto, ya que caer en desnutrición  es relativamente fácil. Y en los niños y embarazadas especial atención, los riesgos son muy altos.

SEAMOS COMO EL BAMBÚ. SABE ADECUARSE A SU CONTEXTO, ES ADAPTABLE Y CAMBIA CUANDO ES NECESARIO HACERLO.

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